Lo tenía pendiente. El pasado día 25 de Julio hubo un concierto de Malevaje en Cáceres, en los jardines del Museo Casa Pedrilla. Una vez más, un concierto gratuito y en un ambiente recogido e inmejorable. Y en este sentido no me puedo quejar de Cáceres.
En primera fila, para poder hacer fotos, con mi “tele” sigma 55-200mm, enfoque manual e ISO 1600 (con el consiguiente ruido). Muchos pensarán que vaya gilipollez ir a un concierto para verlo a través de una cámara, pero para mi (que además soy miope), es un gustazo poder disfrutar del concierto mientras al mismo tiempo intento captar con mi cámara los pequeños detalles, los gestos, las sonrisas y la complicidad de los que están sobre el escenario.
A Antonio, como se llama el cantante, le acompañaban tres músicos, una guitarra española, lo que yo supuse que podría ser un contrabajo y un bandoneón. Este último especialmente interesante, quizás por lo curioso del instrumento o puede que por su pícara expresión. De cualquier modo el conjunto era formidable.
Presentaban su último disco. Ya conocía al grupo por un disco anterior que encontré hace tiempo entre la colección de mi padre: “Con su permiso Don Carlos”. La verdad es que asistí al concierto con algo de miedo, pues este disco que ya conocía me encantaba y sabía que muchos de los tangos que en el se cantaban no era compuestos por ellos… “¿y si los suyos no me gustan?, que decepción”. Pero afortunadamente me equivocaba de cabo a rabo.
Antonio nos hacía participes de las historias que estaban detrás de las canciones, coqueteaba con su público y nos insistía una y otra vez (en clave de humor) que a la salida podríamos comprar el disco “que sale mucho más barato que en las tiendas”.
Como casi siempre ocurre, en este concierto también había un graciosillo, que debió de pensar que el concierto era para él y no dejaba de interrumpir a cada comentario que el cantante hacía. Por fin, y sin que a mi personalmente me guste demasiado hacer uso de estos tópicos, alguien le dijo “porque no te callas”, y tras la lógica risa de todo el público, el “espontáneo” decidió cerrar el pico.
No puedo olvidarme de los dos bailarines, que en ciertas canciones aprovechaban el poco espacio que quedaba libre en el escenario y que nos dejaron con la boca abierta con algunos de esos pasos de tango que parecen imposibles. La complicidad entre ellos dos rozaba lo erótico, como debe ser en una buena pareja de Tango.
Sobre las canciones, hay que oírlas. Las hay realmente fabulosas, como la que le escribe a su mujer, Coplera, o la que le da nombre al disco, No me quieras tanto (quiéreme mejor).
Tanto me gustó el concierto y tanto nos insistió Antonio en que comprásemos el disco que incluso me lo planteé. El único problema es que, como para muchos otros a estas alturas, un CD en mi casa tiene poco sentido ya que no tengo lector de CDs. Tengo mi ordenador, donde toda la música que suena es MP3. Decidí ir a comprarlo, pagarles, no llevarme el disco y después bajarmelo. Se lo explique a quién vendía los discos y tras discutir un rato ,y sin ponerme pegas a que me lo bajara, me convenció para que me lo llevara como recuerdo o para un regalo. Y menos mal que lo hice, porque por aquel entonces y por sorprendente que parezca, el disco no estaba en la Mula (aunque juraría que a estas alturas ya si :D).
Y es que así debería ser, pagar lo justo, por lo que merece la pena pagar y no en forma de Canon por lo que algunos llaman “piratería”.


